Confianzas - Juan Gelman

Confianzas - Juan Gelman
Confianzas - Juan Gelman

sábado, 16 de julio de 2016

P O S E S I Ó N

El viento criminal de las noches de julio
que los techos paternales repelen
Y contra el huérfano sin ceder arremete,
Se sirve de una impunidad similar

A la de esos ojos, que no dudan ni un segundo
Y se cuelan en mí y me van poseyendo
Como si fueran el viento de invierno
Y yo fuera el huérfano sin techo.

martes, 14 de junio de 2016

F U E G O S ( I I )

Sé que perdonarás todas y cada una de las palabras que te digo. Sé que en la inmensa eternidad del universo encontrarás el lugar ideal para perdonar cada palabra que te digo.
Lo hiciste otras veces y ese sideral abismo se redujo a una cercanía casi simbiótica que habitaste junto a mí. Sé que cada límite que me decoró a tu merced en algún momento devino en cenizas veraniegas de aquel fuego invernal. Sé porque fui yo quien se ocupó de rociarlos con alcohol y de tirar la cerilla. Sé que quisiste apagarlo pero no pudiste. Y lloraste.
Sé que perdonarás cada herida que te provoque. Otras veces pasó ya; y aunque quisiste que los roles intercambien, eso nunca pasó. Y te herí. Te hería y me perdonaste cada vez. Quisiste ser tan fuerte o más; querías seguir tan viva como yo lo estaba.
Los ojos tuyos y claros, que tantas veces quisiste no haber tenido, dueños del mayor caudal de lágrimas que no tendrán igual, aunque este gran penoso mundo que nos albergó alberga también océanos de ojos tristes y sus lágrimas, pero superlativos son los tuyos.
Sé que a cada dolor que entre cubierta e invasión te habitó lo utilizaste en tus mejores poesías. Vos también sabés que el dolor enseña y crea cuando te adueñas de el.
Florencia… Como la ciudad italiana. Tan iguales en belleza. Florencia como la viva ciudad italiana. Vos tan diferente. Aunque Florencia, querías ‘Flor’. Y ¡qué bien te sentaba! Sé que tu aroma me envolvía. Aroma a jazmín. Belleza de jazmín. Y yo la mano que la arrancó para sentirla más cerca.
Sé que perdonaste cada línea que no te escribí cuando pude. Vos las escribiste por mí y mejor que yo. Las guardé y aquí todavía están. Las primaveras te veían con ella florecer y el otoño te veía con él llorar. Pero no tus cartas. Nunca lloraban, siempre llegaban con tu aroma a jazmín. Y yo la mano que las agarraba para sentir ese aroma más cerca. Admito que alguna vez demoré en leerlas. Y lloraste. Pero sé que perdonaste cada respuesta que no existió y cada llamada que jamás, aunque quisieras, jamás contesté.
Florencia, como la palabra eterna del cielo puesta en tu boca sonó todo lo que dijiste, todo lo que susurraste, todo lo que callaste Florencia.
Siempre me recordabas cuántas veces hubieras elegido no tener esos ojos tuyos; para no verte, para no verme. Y cuántas veces más hubieras elegido que una suerte de olvido repentino me arrebatara de tu memoria y la llenara de cualquier otra cosa. ¿Hasta de muerte, Florencia?
Sé que ese dos de junio que te puso y me puso en el mismo colectivo fue similar. También querías olvidarlo, decías.
No en vano, Florencia. Vos eras flor y yo la mano que la arrancó para sentir su aroma más cerca. Aroma a jazmín. Belleza de jazmín.
Tan pura como aquel manantial que rodaba cotidianamente por tus ya húmedas mejillas, tan pura que me perdonaste cada vez, cada palabra, cada herida.
Quiero que sepas que estuve detrás de la puerta todas y cada una de las veces que con tu frente apoyada llorabas en ella y la pateabas queriendo que fuera yo.
Tus ojos, repetías, tus ojos. Hubieras preferido no tenerlos. Esas pequeñas y azuladas lunas que me miraron en el colectivo ese dos de junio tenían la culpa de todo, repetías. Cuánto lloraban esos ojos, Flor.
Sé que perdonarás, como tanto me perdonaste, que me adueñe materialmente de ellos, hasta te pondrás contenta quizás. Los guardo con tus cartas y tus fotos en mi cajón.
Sé que perdonarás esa mañana de sol pleno que no te dejé disfrutar. Pero vos, Flor, tenías que entender que vos eras flor, y yo la mano que la arrancaba del jardín para sentir su aroma de cerca. Aroma a jazmín. Belleza de jazmín.
Y como toda flor que se arranca, por ley de la naturaleza, se marchita. Hoy te marchitaste como no lo habías hecho nunca. Hoy te consumió un fuego invernal, hoy te marchitaste.
Sé porque fui yo quien se ocupó de rociarte con alcohol y tirar la cerilla.

Vos fuiste flor, y yo te arranqué. Pero nadie me arranca a mí esta paz de saber que nunca más nadie podrá sentir tu aroma a jazmín de cerca, y más tranquilidad aún al saber que nadie, pero nadie en este mundo, podrá arrancarte nuevamente.

martes, 24 de mayo de 2016

E N C I E R R O

Le gusta la libertad que respira
Cuando el otoño roba las hojas, y las hace volar. 
Le gusta esa libertad de pájaro, 
Y quisiera poder un día al sol acercar. 

El azul lo mira desde arriba, inmenso.
Y el verde llano lo acuna desde abajo
Y ambos lo encierran, está inmerso.
Pero le gusta esa libertad.

Le gusta esa libertad
El viento le choca en la cara
Le arranca algo, lo sabe, quiere más.
Le trae otras cosas, y se va.

Lo hace vivir, lo sabe matar.
Y el campo le hace sentir fuera,
Y adentro lo habita el dolor,
De la sombra persistente se quiere liberar.

Le gusta esa libertad del pájaro que viene y va,
Quisiera ser transitorio en su propio cuerpo,
Y quisiera, sabe bien, 
El recuerdo y el fuego apagar.

miércoles, 30 de marzo de 2016

T U M U E R T E Y L A M Í A

Como si fuera sólo una hablan de ella,
Como si no fuera un continuo cesar y surgir.
Como si no fuera cotidiano verla… Vivirla.
Como si fuera sólo una.
Así hablan de la muerte.
Y ella vive todos los días.
Esperando que adrede la vivan.
Y ella vive…
Como si yo no muriera cada vez.
Cada día.
Como si no resucitara cada vez.
Cada día.
¿Quién vive invicto?
¿Quién vive sin haber muerto?
Quizá la esencia es esa…
La esencia de la vida.
Que muriendo nos resucita.
Resucitando es que nos mata.

lunes, 28 de marzo de 2016

P R O M E S A S

Prometió el sol brillar más aún en tu cara,
cuando muerta de frío necesites su calor…
Y las débiles hojas de otoño prometieron crujir bajo tus zapatos cuantas veces les pidas…
La hierba prometió reverdecerse más y más rápido…
Y hacerte suaves cosquillas en tus pies descalzos.
Y las flores nunca más marchitarse.
El cielo ha prometido ser más azul y ¡más grande!...
¿Podés creerlo, querida?
Y la noche dijo que sería menos cruel en invierno,
y que dotaría a sus estrellas de mucho más brillo (sabe de tu afán por mirarlas)…
La brisa prometió rozarte la cara para despejarte cuantas veces quieras.
Y las mariposas posarse en tu cuerpo todo el tiempo… Y los pájaros nunca dejar de cantar.
Y la lluvia prometió no traerte malos recuerdos, sólo los buenos.
¡Prometen que lo harán!
Prometen que lo harán, sí, pero…
Sólo…
Si vuelves.
¿Y yo?
Esperar el regreso.

viernes, 18 de marzo de 2016

L A V I D A Q U E E S P E R O II


El cielo parece esperarme.
Y yo respetuoso nunca llego tarde a su encuentro.
El religioso encuentro de las madrugadas…
El cielo que nunca dejó de abrazarme.

El sol todavía no salió.
Pero el alma no tiene reloj.
Antes ella, pero ahora…
El alba me acompaña.
Y juraría que escucho su voz.
Y puedo sentir su olor.
(No hay mañana que no esté perfumada)
Querida, nunca te fuiste del todo.
Como mi esencia.
Intermitente.
Vive cuando te espera.
Muere cuando no estás.

lunes, 25 de enero de 2016

S I M I L I T U D E S

Dejame que te hable de él...

Lo conocés, y yo también.

Pero puedo contarte más (sólo si querés)

Él es invasivo. 

No te va a dejar ir fácilmente.

Tiene táctica, detalles y hasta la técnica.

El día que llega, 

Todo adentro empieza a arder 

Y es un ardor, además de estremecedor, incesante.

Y por ahí escuchás el ruido de los destrozos.

No se va sin dejar algo roto.

Y aunque es difícil...

Te deshacés. Lo apagás.

Deja cenizas, sí, de todo lo que se comió. 

Pero también lo de adentro es como el ave Fénix... Renace.

Pero sabés que el fuego quema 

Y también sabés que no te hablo del fuego.

Sino del dolor...

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